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Política para seriéfilos

Si tu bandera tiene el símbolo de un partido, la cosa está muy mal
Si tu bandera tiene el símbolo de un partido, la cosa está muy mal

Democracia y autoritarismo: de Palpatine al totalitarismo de la Zona Alemana.

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Si tu bandera tiene el símbolo de un partido, la cosa está muy mal

Si tu bandera tiene el símbolo de un partido, la cosa está muy mal

Uno de los más grandes conflictos que retrata la ficción es la lucha del hombre por la libertad. Sea en un plano individual o en el plano colectivo de una sociedad miles de horas han retratado la lucha por conseguir la capacidad de decidir sobre su destino. Desde Toni Alcántara en Cuéntame al Prisionero, pasando por John Adams o por la ciencia ficción tenemos es una temática constante. A la hora de tratar la falta de libertad en una sociedad suele ir ligada a términos como dictadura, autoritarismo y totalitarismo de manera indiferente. Sin embargo, estos conceptos, aunque sus efectos en grandes líneas son similares, se diferencian bastante entre ellos.

Los espoilers incluidos en este post son ridículamente mínimos, dado que se trata más del contexto o la premisa de las series de las que habla que de las tramas. Puedes entrar sin miedo.

Lo imprescindible para tener una democracia

Sin tener una idea demasiado clara de qué es de lo que hablamos cuando decimos  democracia, hay varios aspectos comunes que debemos considerar:

  • Separación de poderes: en un sistema democrático, en mayor o menor medida, hay una separación entre los que hacen las leyes, los que rigen el Estado y los que te meten en la cárcel. A veces la diferencia es sutil (muy sutil, de hecho), pero un juez, por ejemplo, puede condenar al Estado.
  • Imperio de la ley: Todo el mundo está sometido a las mismas normas y no puede cambiarlas arbitrariamente. Para hacerlo, tiene que cumplir las propias normas previstas para ello.
  • Elección de las élites por la ciudadanía: Las élites son elegidas libremente por los ciudadanos con una cierta periodicidad de tiempo, de manera que pueden cambiarlos cuando su mandato no se acepta por la mayoría de la población.
  • Pluralidad de opciones políticas: se puede votar entre distintas opciones con diferentes ideas, programas y propuestas  (por ejemplo, en las Democracias Populares, es normal que puedas votar solo a los candidatos del Partido Comunista)
  • Respeto a las minorías: En todo caso los derechos de las minorías de la población están preservados (incluido presentarse a las elecciones y poder votar). Aunque haya una mayoría de la sociedad que lo desée, esa minoría tendrá exactamente los mismos derechos. Esto es lo que llamamos el pluralismo, del que ya hablamos anteriormente.

Existen otros indicadores muy importantes, como, por ejemplo, la libertad de prensa, los ingresos medios de la población que garanticen la libertad económica, o la distribución de médicos. Los politólogos no hemos dado con “la regla del 9” para definir perfectamente que es una democracia. En todo caso, como de lo que vamos a hablar es de lo contrario, nos quedamos en estos aspectos formales de los que carecen los casos de los que vamos a hablar.

La dictadura: quitate, que no tienes ni idea.

La figura más clásica en cuanto a la suspensión de la “libertad” y la democracia es la dictadura. Los dictadores en su acepción original no son necesariamente enemigos de la democracia. Un dictador es una persona en la que la sociedad delega todo su poder y soberanía para superar una circunstancia o situación excepcional. En casos de guerra, invasión, o de un reinado injusto, por ejemplo, en el mundo clásico, se elegía un dictador que eliminaba el problema y volvía para su casa. El razonamiento es bastante simple: como estamos de agua hasta el cuello, dejamos a este que tiene una idea clara de qué hacer y luego que se vaya.

Ya digo que en el mundo clásico, el dictador era una figura bastante “aprobada”. Por ejemplo, Cincinato (el de Cincinati) no solo fue dictador, sino que lo fue 2 veces y un ejemplo de buen gobernante. De hecho, quizá el apego de George Washington a su figura sea una idea muy aproximada a lo que el General Washington veía de si mismo: un líder excepcional para condiciones excepcionales.

Julio César, dictador vitalicio

No obstante, la figura del  dictador está sujeta a cualquier “cuñao” de la vida:¿Quién no se ha visto alguna vez con una claridad de ideas para que le dejen tomar las decisiones y arreglar el problema?. Así que, Julio César, un poco hasta las narices del fiestón que era el Senado y la delicada situación social de Roma, tal y como muestra la serie, decide proclamarse Dictador Vitalicio. El tema vitalicio es el más conflictio, porque en definitiva, estás asumiendo que las cosas no se van a enderezar nunca y mejor te quedas para siempre. Este ejemplo se ve muy claramente con el Emperador Palpatine de Star Wars, que consigue ser nombrado Canciller con poderes excepcionales y que, en el episodio III se niega a devolver el poder acusando una conspiración Jedi.  Esta figura es muy similar a la que vemos en Legend of Korra: Kuvira asume el control del ejército del reino de Tierra y cuando la cosa está más arreglada dice que para darle el poder a un gandul, casi se lo queda ella.

Ejército: check. Misión vital: check. Poder absoluto: check. Todo para tener una dictadura, listo

Así que, aunque la idea de un dictador pudiera ser originalmente “buena”, siempre es fácil encontrar voluntarios a asumir “la losa del poder” para arreglar el desbarajuste que es tu vida. En la modernidad casi que cualquier tipo con medios para conseguir el poder (básicamente armas o un ejército) se ha visto en la necesidad de arreglar los problemas del resto del mundo, se ha erigido en “dictador” y víctima del poder. Dado que un dictador es el que tiene claro como arreglar los problemas y tu, básicamente, ni puta idea, pues casi que cualquier opinión que no sea acorde a la suya, en el mejor de los casos, sobra y en el peor se subversiva. No necesitáis que os de ejemplos, ¿no? Así que, cuando un dictador dice que lo mejor es que os calléis, que ya monta él solo el sarao, tenemos:

El Senado sumándose a la fiesta

El autoritarismo: lo hago por tu bien.

El autoritarismo parte de la base de que los que no están el poder no tienen ni la más mínima idea de qué es lo que les conviene, así que mejor que se queden en casa y se porten bien. Hablamos, por lo tanto, de un sistema en el que la autoridad se centra en un individuo o colectivo específico eliminando toda autonomía a los que no siguen su voluntad, por lo que el nombre está muy bien buscado. El autoritarismo es, posiblemente, la forma política que más ha pervivido en la historia de la humanidad a partir de las monarquías. En este modelo, un concepto (Dios) o un rasgo genético (la familia) o cualquier otro principio folklórico ha servido para decir quién es el que tiene la última palabra de todo. Del concepto autoridad ya hablamos en otro post, por cierto.

La cuestión es que un modelo autoritario lo único que se hace es lo que decide quién tiene la autoridad. Digamos que si el resto del mundo no tiene mucho interés en cualquier cosa que no sea su vida cotidiana, y el poder no es muy invasivo, la situación podría ser vivible. Como decíamos, la autoridad no parte de la nada, sino que reside en las creencias de la sociedad. De esta manera, por ejemplo, el Imperio Chino o Japonés o las monarquías Europeas han sobrevivico con muy buena prensa durante siglos. Sin embargo, en el momento en que alguien tiene algo que decir contrario a la autoridad, no es muy bien recibido. Curiosamente, el régimen autoritario, para funcionar en una sociedad plural, requiere de fuerza, de potestas para que prevalezca su voluntad.

La diferencia entre el Emperador y tú, es que el sabe de que va la “mandanga”, así que le haces caso y ya.

Podemos ver un régimen autoritario bien retratado y muy consolidado en The Man in The High Castle, en la zona Japonesa. Lo que importa es la palabra del emperador y el colectivo que tiene acepta esa autoridad (los japoneses) no tienen grandes problemas, pero los que no (los americanos) si tienen bastantes. Un ejemplo igual de interesante es el de Nueva Cáprica en Battle Star Galactica, donde los Cylons deciden que los humanos no tienen sesera para gobernarse. Curiosamente, igual que hicieron los Japoneses en la II Guerra Mundial, los androides, en lugar de ponerse en el gobierno, mangonean a un gobierno títere (en Galáctica Baltar, en China El Último Emperador). A veces puede pasar que la autoridad no tiene suficiente con que hagas lo que diga, sino que, además, exige que todo el mundo piense como ella quiere, en ese caso, llegamos a…

Aquí unos amigos preocupándose por vuestro bien.

El totalitarismo: Todos como yo, y punto en boca.

El último de los niveles que podemos encontrar es el totalitarismo. En este sistema directamente tienes que ser como los que tienen el poder. Es decir, toda la sociedad tiene que tener la misma ideología que el poder.

Evidentemente, saber la ideología de una persona es complicado siempre y cuando esté callada (que ya es bastante tener callados a los que no piensan como tu), pero no es complicado obligar a toda la sociedad a comportarse como si creyeran lo mismo que tu. Normalmente, los sistemas totalitarios tienen un partido único en el que tiene que estar integrada toda la población. A esto se suma que participen en los eventos populares que festejan la ideología y hacer vida “de parido” (campamentos juveniles, programas educativos, etc.)

Normalmente, un modelo totalitario puede ejercer distintos grados de intensidad: desde obligar a todo el mundo a ser del partido a que “solo” lo sean los cargos públicos (como parecen ignorar los dirigentes de Podemos). Un modelo político totalitario obliga que los altos funcionarios, jueces y directivos públicos (y si son muy tiquismiquis, hasta los maestros y los médicos), sean del partido, de manera que se garantizan que el Estado y su Ideología son totales: no hay margen para nada que no sea ello.

El caso más evidente que podemos ver es el de V (la original, no la otra) o, más recientemente, en The Man In The High Castle, en la parte alemana. Si nos fijamos, la sociedad idilica americana lleva directamente símbolos de un partido político, y los alt

En V gran parte de la promoción en los cargos gubernamentales tienen que tener afinidad con los visitantes

os cargos e incluso funcionarios “de a pie” (el médico que atiende al hijo de John Smith) tienen que responder ante el Partido.

 

 

Dada la tradición en España y Latinoamérica, no creo que sea muy necesario buscar ejemplos claros en el Mundo real. De hecho, dentro de lo que son países no catalogados “internacionalmente” así (como pasa con Cuba), es fácil encontrar acusaciones de seguir estas tendencias. Sin embargo, igual que pasa con la democracia, esto son modelos que ni siempre se cumplen en un 100% de los casos, ni requieren cumplirse en ese grado para serlo. Muy posiblemente, la China actual, que desde luego no es una democracia en los parámetros occidentales, no tenga muchos aspectos totalitarios en la actualidad, pero desde luego, podemos asumir que si el Partido Comunista elige al Presidente del país es el partido el que manda.

Si el chaval tiene que ir al cole vestido así, quizá el gobierno hace más de lo que debe

 

 

 

Autor: craselrau

doctor en ciencias políticas, friki, cocinillas y bloguero. Analista web y colaborador en todoseries.