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Política para seriéfilos

Don Draper, darwinismo social y meritocracia

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El equipo de Mad Men

Darwinismo y elegancia en la misma foto

Este post tratará temas de Mad Men. En principio no habrá grandes spoilers (como máximo llegaremos a uno de la quinta temporada), pero ojo, si no sabéis quién es Don Draper deberíais saberlo y haríais mejor en no leer este post.

Esta semana terminó Mad Men, posiblemente la serie que más me gusta (o una de ellas). A lo largo de 7 temporadas (podríamos decir  casi 8) hemos visto la historía del a América de postguerra, el crecimiento de la sociedad de consumo y cambios sociales que configuraron el mundo actual. Además, ha mostrado una explicación increíble de la organización y de la sociología de la empresa moderna casi a todos los niveles de maneras que, al menos en el plano académico, están realmente bien documentadas (y las trataremos en el blog). Sin embargo si hay algo que ha acompañado a Mad Men desde su primera toma ha sido ese sentimiento de insatisfacción en un mundo de lujo y éxito…. Pero ¿Por qué es Don Draper  un tipo de éxito? ¿Cómo llega a serlo? ¿qué podemos aprender de la sociedad actual a partir de Mad Men?

El homo económicus y racionalidad

El hijo directo de la modernidad es el hombre racional. Este modelo, parido en la Ilustración es un ser que, a diferencia de los modelos más antiguos y espirituales, no busca la satisfacción en salvar el alma, fiándola al otro mundo, sino que abraza las necesidades terrenales. Desde este punto de vista el hombre no busca la salvación, busca su bienestar y, lógicamente, cuanto más bienestar, pues mejor. Entiéndase que esto de los paradigmas sobre la persona no es que todo el mundo se vuelva loco y busque cosas completamente distintas (uno no se levantó a finales del siglo XVIII y dijó, voy a dejar de rezar y comer estiercol todo el día para montar una empresita), sino que contribuye a generar la escala de valores por las que entendemos aceptable o no hacer algo. Es decir, si en un momento dado, por ejemplo, entendemos que lo  importante es el alma, y que el cuerpo es más “accesorio” no está tan mal visto que te quemen en la plaza del pueblo para que no vayas al infierno. Si 100 años depués consideran que el cuerpo es sagrado y que hay que protegerlo ante todo, pues en vez de matarte, te encierran de por vida y te pegan bastante menos… cuestión de valores.

El caso es que el homo económicus es racional, quiere sacar tajada (la mayor posible) con el menor precio que pueda encontrar. Esto le convierte en un señor racional que medirá todas las decisiones en su vida bajo este parámetro. Si encajamos este modelo con la teoría de la evolución de Darwin sale un sistema que nos ha encuadrado durante los últimos 200 años. Si el guiarse por lo natural hace que las especies mejoren y lo que define al hombre es la racionalidad, el silogísmo es sencillo: cuanto más se facilite la racionalidad del hombre, mejor nos irá a todos. Si el homo economicus quiere progresar, y la manera de progresar es trabajar más y mejor, el hombre y la sociedad mejorarán.

El Darwinismo Social

Esto es, a grandes líneas, la teoría sociológica del Darwinismo social. No sólo es que deba beneficiarse la racionalidad, sino que todo lo que tenga que ver con esa racionalidad es bueno para el conjunto de la sociedad. El tipo que llevaba esto al nivel máximo era Herbert Spencer. Este sociólogo (bueno, hizo de todo, pero sociólogo también), consideraba que todo lo que afectaba o limitaba la racionalidad (por ejemplo, la religión, pero cualquier otra institución también), iba en detrimento del progreso de la humanidad. Eso si, Herbert Spencer no entendía el Darwinismo tanto como una jungla post-apocalíptica donde los hombres se matan por prosperar, sino algo más bien cooperativo. Evidentemente, este modelo liberal (compartido en el plano político con Benjamin Constant) no sabemos si es fruto de no querer hablar mal del caballo (quien vende un modelo social con el slogan “hágase darwinista y mate a su vecino”), o si era pura ingenuidad. En todo caso, todos los que hayan trabajado en algún sitio 5 años, o conozca a Bob Benson sabrá que el darwinismo está lleno de sorpresas desagradables.

 

¿Qué tiene que ver esto con Mad Men? Don Draper es el éxito, es más es EL ÉXITO. Todo el mundo quiere conocer a Don Draper, genera dinero a patadas, da prestigio, la gente compra lo que Don anuncia, tiene un talento extraordinario. Él tiene una mujer preciosa que le quiere, prestigio y todo. Y aún así, no sólo es que no sea feliz, que no lo es, sino que, además, se empeña en tomar posiblemente casi todas las decisiones que le alejan de esa felicidad. Bebe en el trabajo, engaña a su mujer con todo lo que puede, va o no va a trabajar… su racionalidad va en contra de lo que sería la ética del hombre racional. Pero, ¿es todo fruto de su mérito y de su calidad? ¿Es un éxito del mercado? ¿Basta con tener recursos y seguir la racionalidad para mejorar tu vida y la de tu entorno?

El mérito y la racionalidad

Dick Whitman

Con esta cara, para jefe creativo no vas.

Thorstein Veblen era un sociólogo que siempre me cayó bien, posiblemente porque en su primera y rechazada tesis (que hablaba sobre el canibalismo y el alcoholismo en el mundo universitario) tuvo enormes problemas para encontrar plaza en la universidad. Quizá por este motivo, Veblen consideraba que la sociedad no era ni mucho menos darwinista y que mejor nos vendría que los fuera ¿por qué? Básicamente porque el mundo está hecho de manera que para encontrar un rol  (y el éxito) en la sociedad hay dos elementos o dimensiones que confluyen: la instrumental y la ceremonial. La dimensión instrumental es la que es puramente “darwinista” la capacidad de, a partir de tus recursos, conseguir cosas y aportar a la sociedad: si eres bueno pensando anuncios, como Don, o si eres un buen directivo como Joan, podrás triunfar; si eres un tipo más bien nulo, como Harry Crane o incluso Roger Sterling, acabarás en cualquier otro lado.

La dimensión ceremonial es la que corresponde a la historia, a las creencias y a los mitos. En este caso da igual lo bueno o malo que sea usted en su trabajo o en su sociedad: si es mujer, nunca será directiva; si  es el hijo del dueño de la empresa, da igual lo que haga, seguirá teniendo un peso de responsabilidad. Esta teoría está tan presente en Mad Men que los principales conflictos profesionales de la serie vienen de la superación de esta parte ceremonial. El mayor secreto de Don Draper es que en realidad es Dick Whitman y si hubiera seguido siéndolo, daría igual su creatividad: nunca lograría ser creativo comercial. Joan, para ser socia de la agencia que conoce (y gestiona) mejor que nadie, tiene que acostarse con un cliente, lo que le supone un puesto en el consejo. Si somos pesimistas (y Veblen era muy pesimista), pensaremos que, aunque seamos buenos, hay determinadas creencias o valores que sólo podríamos superar en el mejor de los casos, haciendo trampas y, desde luego, nunca a un coste gratuito. En este modelo la “clase ociosa” (Roger Sterling casi hasta la última parte de la serie) es gente muy asentada en esta dimensión ceremonial y que no produce ni genera nada de mérito: simplemente consume, pero eso no amenaza su posición.

Roger Sterling-Mad Men

La clase ociosa disfrutando de lo que se ha ganado

Así pues, tenemos que el modelo industrial ha hecho, hasta cierto punto aflorar el mérito y la capacidad personal para progresar socialmente. Esto no significa que forzosamente sea bueno: asociar la aportación y la posición social a partir de la capacidad de producir realmente deja fuera a los que carecen de medios para poder aportar lo suficiente para vivir (niños, ancianos, discapacitados). Más aún, si somos mínimamente observadores podemos ver que, efectivamente, el mérito no es ni siquiera la parte más importante en el progreso social y profesional. Hay elementos simbólicos y culturales que lo facilitan o lo frenan (familia de origen, centro de estudios, contactos personales, condiciones demográficas como ser de color, o mujer) sino que, además esto afianza a clases que, realmente no tienenn mucho que aportar (podríamos hablar de la clase ociosa, o incluso de la célebre casta de Podemos). De esta manera podríamos decir que, al menos el darwinismo no sólo puede que no sea deseable, sino que, a todas luces no es real. Esto influye de manera directa en la frustración del individuo al ver reconocidas sus calidades en su progreso vital, lo que potencia el individualismo (como diría Norbert Elias), pero eso es otra historia

 

Autor: craselrau

doctor en ciencias políticas, friki, cocinillas y bloguero. Analista web y colaborador en todoseries.