Poder y series

Política para seriéfilos

El Ministerio del Tiempo: después de la historia, las instituciones

| 0 Comentarios

La RPT del ministerio del tiempo

Una RPT del ministerio del tiempo

El Ministerio del Tiempo ha sido para mi una serie especial por varios motivos. Para empezar por lo arriesgado de la propuesta y lo bien hecha que está pero, además, trata una serie de cosas que me gustan. Por un lado se trata de aventuras, y además, con una trama de viajes en el tiempo (una de mis debilidades como Whovian), que permite conocer la historia. Si a esto le sumamos la forma que han decidido darle, un Ministerio, una administración, a lo que he dedicado y dedico mis estudios… es como si los hermanos Olivares hubieran facturado una serie a mi medida. Ahora, una vez terminada la temporada, creo que podemos hablar de algunos temas más que interesantes acerca del poder, las instituciones y la burocracia de una manera más próxima que la mayoría de las series de este blog.

Aviso, aunque no será una review de toda la temporada, si que tocaré algunas cosas que podrían considerarse spoilers de la trama. Así que si no habéis visto aún toda la temporada, a parte de no saber a qué estáis esperando, os aviso que perderéis parte de la emoción.

Las instituciones

El falangista Jesus Fueyo dijo en su día que, tras la muerte de Franco, lo que quedarían serían las instituciones. Es decir, que, más allá del dictador español, su legado perviviría en el entramado institucional que había montado (algo que  en gran medida es cierto, tanto en el ámbito público como en el privado). Las instituciones sirven para garantizar eso, la continuidad. De hecho, podríamos decir que, más allá las instituciones SON la continuidad.

No se trata simplemente de las organizaciones. Es decir, podríamos decir que las instituciones son los ministerios, los organismos públicos, las empresas o los clubes de futbol. Sin embargo, en realidad se trata de todos aquellos elementos y comportamientos comunmente aceptados que mantienen el funcionamiento continuo de las interacciones sociales. Por ejemplo: el derecho es una institucion, el lenguaje es una institución, y los mercados son instituciones. Como diría un profesor de derecho, que la clase empiece 10 minutos después de la hora y acabe 15 minutos antes es una institución fácilmente aceptada después de una semana de clase. Pasado ese tiempo, cualquier vulneración de esto rompería el equilibrio social entre profesor y alumno.

Las organizaciones, a diferencia de estas, son grupos definidos de personas con una estructura concreta y un fin específico. Cuando alguien crea una organización, en realidad está creando un sujeto que mantenga el funcionamiento de esa institución. Está diciendo “esto es cosa tuya”, así que, como es lógico, de lo que se trata es de que esa organización, o persona, sean responsables de que el comportamiento se perpetúe.

Escena del Ministerio del tiempo

Funcionarios del tiempo haciendo horas extra

Esto es muy visible en el Ministerio del Tiempo. Una vez que surge la oportunidad de controlar los eventos históricos, la institución y la organización tienen un solo fin: mantener lo que ha sido tal y como ha sido. En realidad hablamos de la superinstitución, porque no solo preserva la continuidad, sino que genera su origen.

El poder y las instituciones

Así que, lógicamente, si hay alguien interesado en mantener que las cosas estén como están, es el poder (como señalaba Jaime Blanch en una entrevista en los funcionarios del tiempo). Esto no quiere decir que sean “netamente” malos: querer que las cosas sigan como están no es tan contrario al progreso como se supone, sino que, pese a que haya progreso se mantenga un cierto orden (cada uno es libre de pensar si esto es bueno o es malo). Así pues, el poder tiene capacidad e interés de crear instituciones y organizaciones que consoliden lo que hay.

Volvamos a lo que nos interesa: Salvador, el Subsecretario, sienta al inicio de la serie una frase lapidaria que retrata la visión del ministerio “el tiempo es el que es”. Es decir, la naturaleza del ministerio no es hacer algo que mejore las cosas, las arregle, o salve vidas, sino que se dedica a garantizar que las cosas han pasado como se supone que han pasado. Se trata del mantenimiento del orden por el orden, sin más finalidad que las cosas sigan siendo así. El poder, pudiendo aumentar su cuota hasta el infinito, lo que hace es evitar que las cosas sean distintas. Desde luego, los hermanos Olivares parece que han estudiado teoría política para llegar a una premisa tan concreta.

Los enemigos del ministerio

Una vez que creas la institución, esta tiene su finalidad y su propia naturaleza que asimilan sus propios miembros. Por ejemplo, Amelia Folch o Julián, en su plano personal pueden estar deseando cambiar la historia (y ahí tienen su propio conflicto interno), pero como parte del ministerio, entienden que la historia no se puede cambiar.

Hay cuatro enemigos del ministerio a lo largo de la temporada que muestran lo que una institución entiende por adversidad:

  • Los americanos: Un agente de una  empresa americana, Walcott, puede viajar en el tiempo y, a diferencia del propio ministerio, ellos sí que están dispuestos a cambiar el pasado. No sólo es que hagan algo contra la propia naturaleza del ministerio, sino que el ministerio recela de los intereses que pueda tener un actor que se mueve al precio del mejor postor. De hecho, si pensamos en una serie que parte de premisas temporales “similares” (viajes solo al pasado para cambiar algo), podríamos pensar en Quantum Leap, con Scott Bakula, pero, a
    Quantum Leap: la misma premisa temporal que el ministerio

    Lo que harían en USA con el Ministerio del Tiempo

    diferencia de la serie española, ahí no iba a garantizar que el pasado fuera el que es, sino que el pasado fuera corregido.

  • Leiva: en este caso se trata de un funcionario que se salta abiertamente las reglas del ministerio y que no acepta el status quo actual. Se revela no contra el papel del ministerio frente a la historia, sino contra las reglas del  propio ministerio.
  • Lola Mendieta: la némesis del ministerio durante esta temporada… la adversaria con más presencia lo es porque, simplemente… quiere cambiar la historia. Da igual que sea para salvar inocentes, o evitar acontecimientos dramáticos. La historia no se puede cambiar.
  • Otros ministerios: Concretamente Presidencia, cuando Torres (Mar Saura), aparece para que se libere a Walcott. Las órdenes de arriba hay que obedecerlas (y eso lo saben los de arriba), pero obedecen a una lógica que no es la del ministerio.

Es decir, son enemigos de una institución los que actúan con instereses distintos a los suyos, los que van contra las normas o los que actúan directamente contra el fin de la propia institución. Van contra los propios intereses de esa institución y son percibidos por sus propios empleados como enemigos. Han asumido su rol en la institución.

La burocracia del tiempo

Una de las cosas más interesantes del ministerio es precisamente hacer de él una organización pública, algo denostado por la corrupción actual, pero apreciado por el valor de lo público en tiempos de crisis. A parte de depararnos momentos de humor bastante buenos  muy comunes (como la congelación de los sueldos, la eliminación de la extra) o para más iniciados (la negativa del interventor ministerial a autorizar la compra de jubones), permite explotar algunos aspectos de la narrativa poco tratados. Es decir, las series americanas han trabajado el tema del gobierno, pero realmente, la concepción que tenemos en la europa continental de los funcionarios es más parecida a la que tienen allá de los militares o la policía: el cumplimiento de las órdenes y el deber por el bien común.

Alonso de Entrerríos: el mejor funcionario del ministerio

El funcionario definitivo

El Ministerio ejerce una función burocrática que encarnan Salvador y Ernesto: cumplir la misión de manera impersonal y bajo criterios objetivos. El sine ira et studio de Weber parte de que la burocracia solo permite un sistema justo cuando las decisiones se toman bajo criterios lógicos y no personales. En Tiempo de Venganza Leiva, a diferencia de otros funcionarios, plantea abiertamente tratar a su hijo del siglo XIX en el siglo XXI. Salvador y Ernesto se niegan porque va contra las normas (si esa norma no existiera, el cometido del ministerio no podría cumplirse, porque los criterios personales en algún momento se interpondrían con los ministeriales), pero saben, porque se menciona muchas veces, que todo el mundo en el ministerio hace cosas similares. Sin ir más lejos, el mítico Alonso de Entrerríos (que, no en vano, al ser militar es el que mejor acepta las normas del ministerio), cambia la historia al salvar a su hijo de embarcarse en una nave que no retornará de la incursión de la Armada Invencible.

Es decir, existe un ministerio, con unas normas y un cierto margen de flexibilidad para sus empleados siempre y cuando estos lo hagan “bajo cuerda” y sin cuestionar el orden de la institución. De hecho, da la sensación de que Salvador sabe que Julián o Amelia, por ejemplo, pueden estar saltándose las normas, pero prefiere no indagar para no generar un conflicto. Esto es lo que Michel Crozier llamaba la trampa burocrática: las normas estrictas generan, por definición, comportamientos que las evitan a pequeña escala. Cuando estas contradicciones crecen demasiado, o bien se cambia el orden en el ministerio (la revolución de Leiva) o bien, se expulsa al elemento subversivo (Irene en el último episodio).

La verdad es que el detalle con el que se trata la realidad burocrática en esta serie es realmente interesante, y posiblemente nos llevará a grandes situaciones en el futuro, a parte de generar grandes dudas, como saber cuál es la comisión de servicios por el siglo XII o cuales son las dietas por jornada dedicada  a garantizar la toma de Granada.

 

 

 

Autor: craselrau

doctor en ciencias políticas, friki, cocinillas y bloguero. Analista web y colaborador en todoseries.