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Política para seriéfilos

The Fall: la violencia contra las mujeres

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The Fall

Stella Gibson un poco enfadada

Si hay una relación de poder que se ha mantenido casi inalterable en la mayoría de las culturas y los tiempos es la relación entre hombres y mujeres. Así que, siendo este un blog que habla de relaciones de poder tanto en las estructuras formales de poder como en la vida cotidiana, es lógico afrontar desde la ficción esta relación. Dado que es un tema enorme y bastante complejo, empezaremos por lo básico, que, como digo siempre, es que todo poder reside, en mayor o menor medida, en una parte de violencia, así que hablaremos de la violencia contra las mujeres.

Hace unas pocas semanas terminó la segunda temporada de The Fall, una serie que el año pasado encantó a la crítica, al público (incluido yo mismo), y que este año no lo ha hecho tanto. Esta serie, que se basa en la persecución de un asesino en serie de mujeres por una oficial en Irlanda del Norte fue considerada el año pasado como ejemplo feminista. Sin embargo, a mi juicio, más que una serie feminista acerca de la igualdad real y necesaria entre hombres y mujeres, se centra, en realidad en la violencia sistémica que sufren las mujeres en todos las esferas de su vida. Esto no significa su compromiso con la igualdad de género sea menor que si fuera feminista, dado que no es poco evidenciar hasta qué punto las mujeres sufren violencia estructural por el simple hecho de serlo. Es más, si no fuera por que la novela de Larsen Los hombres que no amaban a las mujeres es anterior, esta serie recogería de manera más redonda su título. Así que vamos a explicar por qué esto es asi.

Esta entrada tocará la trama hasta el final, así que no dudéis que habrá spoilers.

Violencia y trabajo.

Empecemos por el tema laboral. En The Fall esta faceta se trata de manera especialmente en la primera temporada. Stella Gibson se planta en Belfast como una especia de super-policia para desentrañar un crimen que, por su truculencia y ser el segundo de su serie, provoca alarma social. A Stella se la presenta como la persona más competentes y cualificadas para este caso. Sin embargo, pese a la competencia con la que afronta las circunstancias del caso se le critican varias cosas: no ser de la zona, haber tenido un pasado con su superior directo, no ser de la vieja escuela y provoca dudas en su entorno (masculino). Todo son dudas, y críticas y sólo se mantiene al frente porque se mantiene firme frente a todas ellas, sabiendo que su trabajo está bien hecho, y porque sabe mostrar el sesgo de género a su crítica. Este enfoque es interesante, pero es abiertamente no feminista, dado que Stella se mantiene porque está cualificada para hacerlo. Tiene que estar en todo momento mostrando su competencia para no perder su posición en el caso.

Por si fuera poco, la situación es aún más compleja por la muerte de un inspector de policía (casado) que se acuesta el día anterior con Stella. La inspectora pasa por la picota de sus superiores y de la opinión pública como “la amante” “destrozahogares”, coartada que usa un periodista para atizarle por no pasarle información sobre la investigación. Stella es víctima de críticas basadas en salirse de su rol de genero (como bien dice ella “la sociedad no está preparada para que sea una mujer la que se tira a un hombre”). Es decir, nadie tiene nada en contra personalmente como la inspectora Gibson, pero, sin embargo, es molesta por ser mujer, es poco fiable y es muy criticable que tenga relaciones sexuales con un hombre casado que, pese a ser un mafiosete corrupto, pasa a ser casi un héroe para la policía.

Eso sí, Stella tiene claro que muchos de los aspectos del caso pasarán, en gran medida, el sesgo de juzgar a las víctimas como mujeres (apariencia, conducta sexual, etc.) motivo por el que busca como aliada a la Agente Ferrington de policía que, encima, la había cagado en la primera escena de la serie.

Amor romántico y sexualidad

Dado que la serie trata asesinatos con un marcado componente sexual con lecturas freudianas, es inevitable tratar el aspecto sexual de la violencia entre hombres y mujeres. Sin embargo, una de las cosas más interesantes de la serie es como trata las relaciones sexuales como un elemento integrado en la sociedad y en la relación entre hombres y mujeres.

En primer lugar, hay que tener presente que Spector asesina a mujeres con una apariencia física y una actitud muy determinada. Jóvenes, profesionales, guapas, independientes y con perfiles en portales de contactos sádicos. Esta tendencia, en función de la serie, está amaprada en dos elementos fundamentales: la actitud de estas mujeres, que debe ser corregida, y el hecho de que parezcan felices y merezcan sufrir una desgracia.

Sin embargo, Spector mantiene un matrimonio con una mujer diametralmente opuesta a todo lo que tiene que ver con sus víctimas física y socialmente. Podríamos pensar que la violencia del asesino se detiene en sus víctimas, sin embargo su mujer responde a una necesidad de afianzar su poder. Igual que sanciona a mujeres que no se comportan bien y que tienen demasiado, a su mujer la protege (hasta cierto momento) y, desde luego, mantiene una relaciones sexuales normales alejadas de su fetiche. Dicho de otra manera, Spector tiene una idea de lo que debe ser la mujer y su lugar en la familia (incluida la crianza y educación de los niños), y no duda en sancionar de la manera más dura a quien se escapa de esa idea que, además, es feliz de serlo. Toda una definición de la concepción utilitaria del poder y de la justicia. Esta división se ve ramificada en otros personajes: Ross Stagg, ex-novia de Spector tarda en contar toda su relación temporal con el asesino en el pasado por no afectar su relación con su marido, con el que no comparte relaciones de bondage. De nuevo tenemos un lugar para las relaciones afectivas de la familia con las extramaritales: sin embargo Rose abandona a Spector porque entiende que una relación basada en el dolor no es sana.

Tenemos el contrapunto del maltratador que tiene aterrorizada a su mujer  a la que, precisamente Spector defiende. Jimmy, así se llama el angelito, ejerce otro tipo de violencia en su matrimonio, más directa desde luego, en la que reivindica a su mujer como su propiedad.

Sin embargo, el asesino no es el único que ejerce la violencia. Katerine Benedetto, la niñera, siente una fascinación por él que no hace más que crecer cuando este primero la maltrata y luego le confirma sus actos. Es un personaje que a mi me resulta muy desagradable, pero que se basa en algo tan lamentable como la idea del amor romántico e incondicional que se afianza en el sufrimiento. Sabe positivamente que su interés romántico asesina y no sólo no se aparta de él, sino que le crea una coartada pero, finalmente siente que su relación es exclusiva, propia y, sobre todo, realizada.

 

Terapia y protección social.

Pero lo que redondea la figuta de Spector es su personalidad “legal” como terapeuta especializado en mujeres y parejas. Spector es una persona que se encara ante un maltratador de lo más chungo, que domina la gestión del stress postraumático de una de sus víctimas, y que se compadece de casos dramáticos. Podríamos pensar que esto es contradictorio, pero la base está en su diálogo final de la primera temporada con Stella: se cree por encima del bien y del mal y, especialmente de las mujeres. Su tarea es el peso de la justicia y del destino: proteje y asesina en función de su propio sistema de valores. Ejerce la violencia y se entiende poderoso y con derecho a serlo. Esto no sólo se basa en las mujeres: su única víctma masculina (el hermano de una de sus víctimas femeninas), muere al intentar protejer a su hermana y lo explica como una persona con los valores tan equivocados que no es capaz de matar para defender a su hermana. Todo un rizo de autoritarismo, machismo, y orden establecido.

Todo esto convierte al asesino, en su propia cabeza, en alguien por encima de un mundo sin valores y sin sentido. El ejercicio de ese poder, que entiende como inevitable, le hace sentir vivo. Se siente vivo porque ejerce el poder, especialmente en las mujeres. No obstante, como decimos, este tipo de ejercicios de poder sobre las mujeres no son muy distintos a los que acusa, en menor intensidad Stella Gibson, incluso a su jefe. Todos juzgan a las mujeres por su apariencia, su familia, su carrera profesional o sus hábitos sexuales aunque, afortunadamente, casi nunca en estos extremos.

Finalmente, Stella en su cara a cara, que Spector exigía como medida de poder que fuera solo ella, acaba dejándo en ridículo este planteamiento. No se trata de justicia, ni de orden, ni de equilibrio, sino que, simplemente, es una violación como las que someten otras personas con un esquema moral menos complejo y elaborado que el suyo pero con los mismos fines y efectos. Hacer lo que le dé la gana por encima de cualquier otra cosa.

En resumen, una serie que, pese a su floja segunda temporada afronta como muy pocas la violencia visible e invisible que sufren miles de millones de mujeres día a día.

Autor: craselrau

doctor en ciencias políticas, friki, cocinillas y bloguero. Analista web y colaborador en todoseries.