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Política para seriéfilos

House of Cards si es una serie americana

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El presidente Underwood y su homologo ruso

Underwood y el ruso, que si es malo y encima no tiene Senado

El presente post hace un análisis político de la tercera y alocada temporada de House of Cards. En el caso de que no la hayas visto y te interese la parte política (no la de culebrones), quizá no debas leerlo. Si lo que te gusta es la “salsa rosa” de Netflix, te dará un poco igual. Este post no es rollo hater total, como el del principio de la temporada, sino que explica como la producción de Netflix nos dice una cosa y nos vende un discurso FAES friendly.

Hace ya tres temporadas se estrenaba la adaptacón de de House of Cards se presentaba como una serie que evidenciaba las miserias del sistema político americano. Después de un par de años podríamos decir que realmente, más que eso, era la serie en la que se hablaba de la incapacidad del sistema político americano de detener a alguien con pocos escrúpulos en su carrera a las más altas esferas del poder. Sin embargo, no estábamos hablando de un cualquiera, Frank Underwood (y señora) eran aproximadamente el Jack Bauer de la política americana: listos, hábiles, decididos y rodeados de absolutos idiotas. Así, no hay sistema político que aguante. Sin embargo, la tercera temporada de House of Cards demuestra lo que realmente es: una serie que habla de las excelencias del sistema americano y de su necesidad de estar ahí para frenar a tipos veleidosos. E incluso, cuando los tipos veleidosos llegan al  poder centran sus esfuerzos en el plenoempleo y la paz mundial… con malos así, quien necesita a Podemos.

Checks and Balances en House of Cards.

El sistema americano fue prácticamente el primero en concebirse como una compleja maquinaria de contrapesos institucionales entre las distintas esferas de poder. Ojo, no hablamos de una separación total de poderes, porque, por ejemplo, los ingleses tenían una separación de poderes bastante avanzada en la época. Sin embargo la obsesión americana (retomando las teorías de Hobsbawn sobre los traumas históricos) no era tanto que los poderes estuvieran separados, sino que ninguno de ellos pudiera pasearse por encima de los otros dos. Los poderes están para controlar lo que hacen los otros dos y para utilizar sus recursos en frenar los gobiernos injustos (o tiranías).

Dicho de otro modo, a los patriotas americanos no les servía de consuelo que el Parlamento Inglés (un poco díscolo en ocasiones con el Rey) estuviera separado, porque podía poner impuestos abusivos, y aquí no ha pasado nada. Tampoco le servía que los jueces no fueran títeres de la monarquía, porque aplicaban leyes que no emergían de la mayoría. Realmente querían un sistema en el que solo con los tres poderes de acuerdo sobre algo (y eso ya es más que difícil) pudieran actuar manera más o menos libre... y si la cosa se sale de cauce, para eso tienes pistolas. House of Cards muestra esta teoría en su máximo esplendor en todas sus tramas políticas.

  • El Gobierno y el Administración: Frank Unerwood es un presidente que directamente decide pasar por encima del legislativo (ya hablaremos de él), y tira por el camino de enmedio: usando el presupuesto de la Administración para implementar un programa político (ojo, aquí esto es una ley de acompañamiento) y se queda con el presupuesto para emergencias para su programa de plenoempleo  America Works (que consiste, ojo, en pagar los salarios de los contratos privados a las empresas: si Monedero se entera, lo copia). El responsable de las emergencias aunque patalea, no dimite (ejemplo muy local de aquí), pero lo hace porque es el que más sabe del tema (esto ya no es tan de aquí) y claro , las víctimas de las catastrofes naturales no tienen la culpa de que su jefe sea idiota. El caso es que cumple con su cometido, pero avisando siempre de la que viene encima y, como mucho se chiva a la prensa americana (que parece tener más crédito que la española).
  • El Ejecutivo  y el Legislativo: La gracia de tener un jefe del ejecutivo que no nombra el legislativo es que ninguno de los dos pueden echarse, y, claro, si se pelean, la relación se enturbia. En el caso de House of Cards Frank, con su plan no consigue el apoyo del legislativo. Tampoco lo consigue nombrando a su mujer embajadora ante la ONU (y eso que ella era la lista de la relación), así que el Congreso y el Senado, juntando fuerzas demócratas y republicanos, se la clavan (pero bien clavada) cuando tiene que devolver el dinero a la FEMA (los de las emergencias) porque viene un huracan. Básicamente, demuestra que puedes intentar pasar del legislativo, pero este te la deja guardada y ya no mandas tanto como creías.
  • El Tribunal Supremo y la Justicia: Hay que reconocer que el Tribunal Supremo es la entidad que menos le ha tocado las narices al presidente Underwood, posiblemente porque la agilidad con la que puede entender los casos acabaría con el ritmo de la serie (y posiblemente con el de Falcon Crest). Sin embargo, la persona que le presenta cara más frontalmente, que basa sus  argumentos en la moralidad del gobierno (vamos la antítesis de Underwood), es la abogada general de la Casa Blanca, que ya se cargó a su antecesor, el Presidente Walker.

Es decir, las instituciones políticas americanas han vencido (y de qué manera) al presidente Underwood, porque puedes ser muy malo y trepar mucho, pero controlar el sistema es muy complicado… y los tipos del sistema, aunque sean también egoístas, a veces aciertan y todo. A esto sumamos el papel de la prensa americana y su compromiso con la VERDAD (así en mayúsculas), que ya va por su tercer nivel indicando que puedes matar a una periodista, encerrar a otro, o echar a una tercera (supongo que, en esta escala decreciente, el año que viene le romperá una uña a la cuarta), que siempre habrá alguien luchando por que la VERDAD salga a la luz.

 

La política exterior.

Pero si hay algo que me ha dejado totalmente dislocado en esta temporada es el plano de la política exterior. Digamos que, en términos generales, para los Padres Fundadores pagar el sueldo al presidente se debe a dos cosas: que controle el ejército y que lleve la política exterior del país. Pues bien, en ambos casos Frank Underwood deja su maldad de hablar a la cuarta pared y se podría presentar al Nobel de la Paz, ganarlo, y sorprendernos menos que muchos de sus cogalardonados.

Por un lado, el malvado Underwood tiene como plan magistral traer la paz a Oriente Medio y presta todos sus esfuerzos (y los de su mujer en el WC, yo diría que inspirándose un poco en Fargo), en convencer a los rusos de que, venga si. Imaginense, un tipo tan malo que mataba un cachorrito en su primera escena, luchando por que uno de los puntos más inestables del planeta alcancen la paz… sin darle la razón a Israel y utilizando una política multilateral.

En este mismo tema, cuando lanza una operación encubierta para demostrar que los rusos son malos, malos, malos, ejerce como Comandante en Jefe. De resultas en esa operación, la muerte de unos militares hace que Underwood escriba una carta (con su maquina-de-escribir-esto-lo-escribo-en-serio) de la temporada pasada, como reconocimiento a una víctima militar (hay que reconocer que él es malo tipo “me meo en la tumba de mi padre”, que es algo que importa a su padre, pero no es malo tipo “me la sudan nuestros muchachos”). Es decir, el papel del “pérfido Underwood” en política exterior se basa en los principios rectores de la política estadounidense: la paz mundial y el apoyo y reconocimiento al ejército. Es decir, es un presidente americano como casi todos los que ha habido hasta la fecha.

Y es tan tan tan americana que la voz moral de Claire Underwood, que es la que nos señala qué es lo que ha hecho mal Frank es lo peor. Es decir, Claire se va porque se siente traicionada por su marido, por no ser un igual a ella y por los derechos de los homosexuales. Es decir, Claire afea a Frank que no son un matrimonio real y que anteponga la paz mundial al enfado por el suicidio de un activista gay. Es decir, con todos los respetos a la causa de los derechos de los homosexuales y la crítica atroz a su tratamiento en Rusia: ¿en serio es condenable que el presidente de los EEUU ponga “cara de poker” en una rueda de prensa a cambio de conseguir la paz en una región en la que hay miles de muertes al año y que es uno de los puntos más calientes del planeta? ¿Es esa la moral de Claire Underwood? Supongo que si se hubiera suicidado un niño palestino, o israeli (sin entrar en este tema), ¿haría lo mismo?

En resumen, creo que House of Cards siempre ha querido “criticar al sistema” pero no tipo Podemos, de acabemos con el sistema, sino de la manera más reaccionaria posible. El sistema no es lo que falla por estar mal hecho, sino porque la gente es mu mala y lo que hay que hacer es ser más estrictos en el sistema. Y decimos que la gente es mu mala porque tiene tendencias sexuales raras, se mea en la tumba de su padre, dice tacos y mata a una periodista… porque en lo que es el plano exterior, lo que quiere es la paz mundial.

Autor: craselrau

doctor en ciencias políticas, friki, cocinillas y bloguero. Analista web y colaborador en todoseries.