Poder y series

Política para seriéfilos

Pobreza y promoción social en Dillon, Texas.

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White Trash y minoría étnica del pueblo

White Trash y minoría étnica del pueblo

La siguiente entrada tocará temas que se desarrollan en Friday Night Lights. Así que si no la habéis visto, hacedme un favor: id a verla y cuando eso, os venís sin falta a leerlo. 

Cuando uno escucha que Friday Night Lights es la mejor serie que no habías visto, debe superar dos obstáculos importantísimos. Por un lado tenemos el tema: el futbol americano. Un deporte difícil de comprender para un europeo (más aún para uno al que no le gustan los deportes), que además tiene un importante componente de darse leches. El otro es la melenaza de Connie Briton, que para que negarlo, augura una serie de sueño americano de matrimonios perfectos y felices en el extrarradio. Y sin embargo, al final uno confía en lo que oye, y, mira, en unas pocas semanas me he tragado todas las temporadas, algunas de las cuales sin subtítulos, lo que da mérito ante el siempre cálido y comprensible acente texano, solo empeorable por el australiano.

En fin, debo reconocer que, en todo caso, el cine deportivo “bien hecho”, estilo Hoosiers, El Mejor o Evasión o victoria, por ejemplo, me ha gustado siempre mucho. Incluso el hecho regulero, como Un Domingo Cualquiera, también me gustó. Y la verdad es que no me esperaba más que eso, pero Friday Night Lights es mucho, mucho más que eso, y por eso estoy encantado de haberla visto en tan poco tiempo.

Comunitarismo americano visto mirando hacia abajo.

Lo primero a comprender de Friday Night Lights es que más que una historia deportiva (que lo es) es la de una comunidad estadounidense, concretamente de  una américa profunda. Es decir, en términos españoles es, como si fuera un pueblo de Albacete, pero en este caso, en Texas. Lejos, por lo tanto, de las grandes ciudades americanas y de los suburbios, de los sitios paradisíacos o, incluso la petrolera Dallas. Dillon es un pueblo aburrido de gente más bien pobre que no tiene nada más que hacer que esperar al próximo partido de futbol americano del instituto… Es decir, es un sitio aburrido nivel todo.

Lo bueno de esto es que te enseña una América  pobre, con pocas oportunidades pero que, salvo excepciones, no tiene el riesgo de convertirse en narcotraficantes. Es decir, tipos que no son delincuentes, que no lo van a ser, pero que, si no tienen mucha suerte en su vida, la pasarán en su pueblo, no siempre en buenas condiciones socioeconómicas y aspirando a tener un trabajo. Algo que, realmente, no solemos ver en la tele americana. De hecho, en la Española tampoco solemos ver este tipo de gente que, coincide que puede que no sea la población mayoritaria, pero que ocupa la mayor parte del territorio del país. ¿Qué nos ofrece esto? Ver que la tierra de la igualdad de oportunidades no lo es, y ni siquiera tienes que irte a The Wire a verlo.

Meritocracia, darwinismo y exclusión social.

Hemos hablado ya del concepto de meritocracia y de darwinismo en las culturas protestantes como la americana. En principio, a diferencia de los católicos que somos más de que no nos caigan marrones y esas cosas, mientras que la ideología protestante (especialmente la calvinista) considera que todo lo que ocurre en la vida es obra de la gracia de Dios… así que si no te va bien, es que Dios te ha dejado un poco fuera de ella.

Esta idea ha alimentado enormemente el modelo social estadounidense (a parte del de otros países protestantes, como por ejemplo, Suiza), choca con las lecturas más Marxistas (bueno, no exactamente marxistas en sentido propio), que consideran que la Gracia de Dios será la Gracia de Dios, pero si naces en malas condiciones, por mucho que tengas a la Providencia de tu lado, lo llevas complicado en la vida. Normalmente se ha tirado en la narrativa posterior a la Revolución Industrial, que es cuando los pobres se amontonan en las ciudades, no como antes, que estaban desperdigados por el campo, a recurrir a situaciones extremas de la pobreza. Gente sin el más mínimo amparo social y económico (al  más puro estilo Dickens) pasando por gente que lo ha perdido todo y no tiene donde caerse muerto (Steinbeck) a la delincuencia como consecuencia de la exclusión social (que vemos, por ejemplo, en The Wire).

Sin embargo, lo interesante de Friday Night Lights es que, a diferencia de gente pobre del todo (quizá solo veamos esto en sus dos últimas temporadas), tenemos gente que, teniendo donde vivir y para comer, no tiene un gran futuro en la vida. De hecho, las primeras temporadas de la serie se centra muy especialmente en el White Trash: es decir blancos que no tienen vida de “blancos”. Los hermanos Riggins, Tyra Collette o, incluso, Matt Saracen son gente que tiene muchas posibilidades de acabar su vida sin salir de su pueblo en Texas sin esperar grandes cosas de la vida. Tim Riggins (Taylor Kitsch) es el guaperas de instituto, más bien macarra que, más allá de lo que pase después, puede asumir que su principal momento en la vida será jugar la final estatal de Futbol Americano de Texas. Matt Saracen (Zach Gilford), hijo de un soldado patriota con su abuela a cargo, muy posiblemente, de no ser por su capacidad artística, podría tirarse la eternidad en el Alamo Freeze. Tyra Collette (Adrianne Palicky), junto con Smash Williams (Gaius Charles, este no es White Trash) son los únicos que parecen tener una idea clara de salir del pueblo y conocer el mundo.Es por eso que vuelcan todo su esfuerzo… en ir a la universidad. Y es que, aunque no lo parezca, la educación superior es un elemento bastante relevante para la promoción social.

Posiblemente el resto de la vida de los Riggins

Posiblemente el resto de la vida de los Riggins

La cuestión es que en Dillon no tienen muchas posibilidades de acceder a la universidad. De hecho lo logran Lyla, Julie Taylor, Landry (el listo del pueblo, que ni siquiera va a una de las universidades de élite), Tim Riggins, que la abandona y, como hemos dicho Smash y Tyra. Lo más interesante de estos dos es que necesitan mucha ayuda por parte de los Taylor para superar condiciones adversas personales (la familia de Tyra está más que lejos de la universidad) y sociales (Smash es, básicamente, negro), para poder llegar a ese mecanismo de promoción social.

Y ahí está la cuestión: mientras que América, construida bajo el mito de la tierra de las oportunidades, parte del ideal de que el esfuerzo es la base para conseguir el éxito, la realidad es que hay mucho más que eso. Digamos que, quien no cuenta de una situación económica soportable, estudios y familia, tiene muy difícil entrar en el juego social. Si nos fijamos, salvo Lyla Garrity y Julie Taylor o Landry, todos los personajes que acaban encontrando un lugar en la vida lo hacen, bien por ayuda de “su comunidad”, o bien, por otro tipo de acciones, como ocurre con Billy Riggins, que delinque varias veces para poder montar su negocio y garantizar la cobertura sanitaria de su mujer.

La cuestión, es que, superar esta condición tiene además una complicación adicional: el etiquetado social. La sociedad (y muy especialmente el sistema educativo) etiqueta a las personas en función de las expectativas que generan por su comportamiento, sobre todo por su entorno social. Es por ello que un etiquetado de “fracaso social” como el que tienen Tyra o, posteriormente Epyck, hace que el sistema dé de lado a esas personas encerrándoles en un circuito social en el que no se va a integrar. De ahí la cara de escepticismo de los colegas de Tammy Taylor cuando dice que les va a ayudar.

Evidentemente, Friday Night Lights no es una serie comunista. De hecho, todas las personas que prosperan, si bien es con ayuda, principalmente de los Tylor, lo hacen a partir de un enorme esfuerzo y partiendo de unas condiciones que les permiten ser muy buenos (Tyra llega a la Universidad porque es muy buena, así como Smash), pero los que no son tan buenos (Luck Cafferty) acaban aceptando su destino de granjeros y/o militares. Esto entra, del mismo modo, en el modelo social americano, ya que, como decimos, no deja de basarse en el esfuerzo y el mérito para progresar en la sociedad. Sin embargo, sin recurrir a situaciones dramáticas es una serie de historias más que interesantes sobre cómo el sistema deja de lado a mucha gente sin ni siquiera plantearle opciones para prosperar y que, muy posiblemente, son una mayoría de las sociedad estadounidense (aunque no la más retratada).

El hecho de que la familia Tammy Tylor acabe llevando el sistema de admisiones de una universidad, superando los límites de las pruebas de acceso para conocer cada caso de cada candidato es, a fin de cuentas, un buen alegato final de lo que pretende ofrecer esa serie. Una visión de una sociedad no muy visible que obviamos pero en la que desarrollan su vida millones de personas.

 

Autor: craselrau

doctor en ciencias políticas, friki, cocinillas y bloguero. Analista web y colaborador en todoseries.