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La justicia televisada de The Good Wife

The Good Wife: La justicia en los tiempos de las pantallas

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La justicia televisada de The Good Wife

La justicia televisada de The Good Wife

Este post tiene spoilers del final de The Good wife, así que ya sabéis. 

The Good Wife es una serie que ha abordado casi al filo de la actualidad temas que han sacudido el mundo real. Las revoluciones árabes, el terrorismo, las escuchas de la ASN o las filtraciones de Snowden han sido claros ejemplos de como tratar con poco desajuste temporal temas de actualidad. A la vez ha gestionado de manera bastante brillante el mundo tecnológico que ha creado con Chumhum, versión de Google en la ficción, junto a otras claras referencias a Facebook o Tesla. La serie de la Florrick se ha caracterizado por retratar el concepto de la justicia postmoderna a raíz de la comunicación ubicua, masiva y generalizada y eso, siendo real, ha causado frustración a muchos de sus fans.

Los créditos de The Goosd Wife lo dicen todo.

Cuando Alicia Florrick entró en nuestras vidas ella estaba en mitad de un problema. El escándalo que acababa con Peter Florrck en la cárcel es un escándalo que sólo conocemos cuando ha estallado y a retazos, capítulo a capítulo. Esto de por sí no es grave, dado que la historia que se cuenta no es la inocencia o no de un fiscal del distrito, sino las repercusiones que tienen en la vida de su esposa. De hecho, la apuesta va más allá al centrar la atención en cómo afecta a su mujer no el escándalo, sino la actitud mediática con la que lo afronta. El hecho de que a lo largo de siete temporadas Alicia Florrick haya recibido el sobrenombre de Santa Alicia y cómo eso ha condicionado no sólo la actitud de los demás hacia ella, sino también las expectativas de su comportamiento, es una clara definición de el problema:

no es tanto quien eres, sino cómo te perciben, lo que condiciona en gran medida tus posibilidades y relaciones.

Como si fuera una metafora de todo esto, los escuétos créditos de la serie inciden en esta concepción. Por un lado en ellos vemos siempre a Alicia en  su vertiente pública: capturada en una foto de periódico en un acto público. Por el otro, el hecho de que aparezcan los créditos en el momento que parece más oportuno es un desafío a los cánones rítmicos televisivos: cuando algo funciona como no esperamos que lo haga, esto nos acaba trastocando.

Lo que sabemos del  caso contra Peter Florrick

Y esta apuesta es la que ha supuesto una serie de críticas a los creadores de The Good Wife. Igual que la serie empezaba entre medias de un escándalo, la serie acaba con un escándalo que llega de golpe y ya bastante rodado. Esto, después de siete años de serie en los que hemos visto hasta las “siestas” del matrimonio Florrick se puede tomar como una “salida de la manga” para resolver de alguna manera parte de los conflictos. Con todo y con eso hasta casi el final de la serie no sabemos los cargos que se presentan contra el ahora gobernador y, lo que es más, no sabemos si es inocente o culpable.

¿Se trata de una chapuza del matrimonio King? realmente creo que no. Igual que cuando estalla el escándalo al inicio de la serie no tenemos idea de qué es lo que ha pasado y, básicamente, la inocencia de Peter Florrick se demuestra más por el descrédito de sus acusadores que por la demostración de la misma, el último caso contra Peter recibe el mismo tratamiento. Realmente no es importante para la historia que nos quieren contar lo que ha pasado, ni cómo ha surgido, ni si en realidad Peter “microgestionó” un caso por dinero, porque lo que importa es lo que nos llega desde los medios.

La justicia, la apariencia y la postmodernidad.

Y es que en los tiempos actuales la justicia difícilmente puede considerarse como “hacer el bien al bueno y el mal al malo” como diría Sócrates. En realidad, aunque la idea sea realmente esa, el concepto de justicia ha perdido en términos sociales un valor objetivo. Podemos decir que, efectivamente, no queremos que los homicidas estén libres o que los ladrones campen a sus anchas, pero lo que ya no tenemos más claro es quién es un ladrón, un homicida o un secuestrador… todo ello no impide que tengamos una opinión al respecto.

Esto tiene que ver con un fenómeno cultural denominado la postmodernidad. La Modernidad (fruto de la ilustración) parte de que hay UNA Razón que hace que entre todas las condiciones, posibilidades y escenarios para la sociedad haya algo que sea “LO MEJOR”. Esto es aplicable a la ética, la moral, la política, la cultura y el arte. Hay una mejor película, una mejor comida, una mejor economía… porque se aproximan más a la verdad. La cuestión es que por los motivos que sean (aún se están discutiendo) un montón de gente (algunos dirían vulgo, como piensa Sartori, otros dirían mayoría) ha decidido que ni le gusta Brahms, ni Cervantes más que Lady Gaga o La Quore.

¿Qué tiene esto que ver con The Good Wife?. La cuestión es que no se trata tanto de una “postmodernidad” formal en la que no haya una idea única, común y compartida de lo que es justo (que tampoco es el caso), es que no importa lo que ocurre y eso no impide que opinemos. El juicio de Peter Florrick y lo que nos cuentan y no nos cuentan en el final de The Good Wife no deja de ser lo que vemos hoy en día en las redes sociales varias veces al día. Opinar sobre un escándalo de corrupción, evasión de impuestos, malos tratos, o twits desafortunados no nos requiere conocer de dónde vienen los hechos, o qué es lo que ha pasado, posiblemente con el primer twit que veamos y según la actitud del influencer de turno, tengamos ya un alegato, veredicto y condena.

Ya no necesitamos ni los hechos, ni una idea, nos basta con un comentario de alguien con quien empatizamos para concluir lo que ha sucedido.

El bofetón y la peluca.

Y quien mejor ha entendido esto desde el principio de la serie es Alicia Florrick. Es verdad que tarda tiempo (siete temporadas) en aceptarlo y abrazar algo que muchos llamarían cinismo o directamente hipocresía. Alicia Florrick sabe que lo que le va a condicionar lo que pueda hacer, más que su posición social (que también) es la imagen que ofrece al mundo. Esto se ve claramente en el bofetón que le da a Peter Florrick al inicio de la serie por humillarla en público (no por el adulterio, no por la corrupción, no por nada que no sea lo que afecte a su imagen), y se ve en la extraordinaria escena final. El bofetón de Diane Lockhart  por los mismos motivos duele a Alicia emocional y físicamente… pero eso, aunque le importe a ella, no puede dejarlo ver al resto del mundo, porque en el momento que lo sepan preguntarán que ha pasado, y ahí tiene muy poco que ganar.

Autor: craselrau

doctor en ciencias políticas, friki, cocinillas y bloguero. Analista web y colaborador en todoseries.